lunes, 6 de octubre de 2008

Sobre la “(in) utilidad" de los hijos

Toda sociedad que estructuralmente sustrae lo más básico a parte de su población, cuando otros lucran más allá de lo que necesitan, se basa en un sistema económico que es intrínsicamente perverso. Esto es más agudo, mientras más el Estado ha delegado su papel regulador en los agentes económicos.

¿Y qué ha ocurrido con los hijos que, como expresión máxima de Amor, deberían ser un complemento a la existencia de los padres.?

En la sociedad de consumo que estamos inmersos, los hijos se han transformado hace mucho. Nadie nos ha contado que hoy son esencialmente gasto; que la Patria no necesita hijos, se necesitan consumidores frescos y mano de obra barata, y en esta lógica cada niño constituye para los padres una sumisión absoluta al sistema, una limitación sin vuelta atrás de las posibilidades individuales. Ya no es posible el desarrollo de los padres, los ajustados recursos se destinan a vestir, alimentar y educar lo mejor posible a los vástagos, con la esperanza que puedan surgir (sin tener claridad a lo que esto se refiere) y éstos a su vez repetirán la fórmula.

Mientras la lógica ciega del mercado y la hipocresía de las instituciones continúen pregonando que la trascendencia personal se alcanza por medio de los hijos y no del desarrollo personal, del Amor o la consideración, se seguirá condenando, por muchos años más, a hordas de padres y sus respectivos hijos simplemente a repetir una existencia vacía y “ajustada” a la oferta y la demanda.

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